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Altazor como transgresión

1 01Europe/Madrid septiembre 01Europe/Madrid 2018

«Una bella locura en la vida de la palabra»

Este es uno de los versos del Canto III de «Altazor o el viaje en paracaídas» de Vicente Huidobro. Define muy bien este largo y extraño poema en siete cantos. Hermético y evocador, mágico e iniciático, «Altazor» es uno de los libros que más me han influido, e incluso marcado, desde que lo leí y releí hace ya treinta años.
En el lema de este blog menciono a Sei Shonagon y su «libro de la almohada», y es cierto que me ha servido y me sirve de inspiración, pero no menos que «Altazor». Me he hecho especialmente consciente de ello estos últimos días, en los que he estado revisando algunas entradas al tiempo que he releído «Altazor» y la ponencia que adjunto aquí.
En 1992, del 15 al 19 de junio, en la Universidad Autónoma de Barcelona tuvo lugar el XXIX congreso del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana. En él presenté la ponencia: «Altazor como transgresión. Una lectura basada en claves astrológicas». Esta versión escaneada de su publicación en las actas, a pesar de haber sido revisada, me temo que puede tener alguna errata, así que pido disculpas de antemano. Realmente me hacía ilusión que formase parte de este blog, porque sin duda Todo lo que la rodea tiene un papel muy importante en mi vida.
Como decía antes, La sensibilidad del Japón Heian, representado en la obra de Sei Shonagon, me ha influido y me influye, pero no menos que la obra de Huidobro, concretamente esta, «Altazor».
El peso de la soledad, la muerte, la inevitabilidad de la caída, la lucha, la vida de las palabras, la pasión, las imágenes audaces y vibrantes, esta mezcla entre fatalismo y lucha por enfrentarlo con belleza y valentía me calaron tan hondamente que solo me nace repetir estos versos:

«Y puesto que debemos vivir y no nos suicidamos
Mientras vivamos juguemos
El simple sport de los vocablos»

Eso es lo que nos queda, lo que me queda (y no es poco), jugar el «simple sport» de los vocablos. Ahora que tanto se les pierde el respeto con absurdos retorcimientos politiqueros. Ahora que parece que la libertad y el feminismo dependen de las oes y las aes y de confundir el género gramatical con el sexo. Ahora que parece que escribir de cualquier manera es síntoma de libertad, cuando en la mayor parte de los casos es sencillamente vaguería y negligencia, en absoluto juego o experimentación. Ahora, en medio de todo ese manoseo ordinario que tanto me disgusta, reivindico este «sport de los vocablos» que jugaba Huidobro como pocos lo han jugado y lo juegan. Estoy harta de ver cómo en aras de la vulgaridad se maltrata el lenguaje, que no es otra cosa sino nuestro pensamiento y en la poesía la preciosa materia de la creación poética.
¡Así que disfrutemos con amor del lenguaje y de la poesía!

Y, para ambientar el silencio del más allá del «último horizonte» de un imaginario Canto VIII, qué mejor que 4,33 de John Cage.

ALTAZOR COMO TRANSGRESIÓN

 

 

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