Adam Dalgliesh, el poli poeta
Cuando la vida se desordena, uno busca cómo recuperar el equilibrio, aunque sea por un momento y de manera artificial.
Soy de esas personas que disfrutan de la rutina. Por ejemplo, viajar por viajar no me gusta especialmente. Me resulta muy ajeno ese fervor actual por salir a donde sea aprovechando las ofertas de los viajes en grupo. En fin… prefiero seguir con mis cosas, estar en casa, ver a mis amigos, salir de paseo con mi padre, etc. Por supuesto que de vez en cuando hago algún viaje y tengo la ilusión de hacer uno largo y especial a Japón, pero sin grupos ni rutas organizadas a granel.
Volviendo al principio, a veces la vida se desordena y hay que adaptarse a un pequeño o grande caos, dependiendo de cómo se mire. Últimamente me he visto en este caso. He estado desbordada de responsabilidad y premura para resolver asuntos vitales que se me podían desmoronar en cualquier momento. Y, aunque aún no se ha resuelto todo y me queda faena por afrontar, ya he logrado encauzar el desobordamiento.
Para todo esto las Enseñanzas del Dharma y la práctica de la meditación me han ayudado y me ayudan mucho. Reconozco que me obceco muchas veces y que me obsesiono, pero sin el Dharma sé que todo sería infinitamente peor.
Y, además del apoyo incondicional de mis amigos y de los Budhas y Bodhisatvas, me he encontrado con Adam Dalgliesh.
¿Y quién es él? Pues el protagonista de casi todas las novelas de P. D. James. Descubrí a esta autora de novela policiaca hace pocos meses, cuando buscaba una manera sencilla de descansar de las preocupaciones. El primer título que leí fue “La sala del crimen”, que se desarrolla en un particular museo de Londres. Me gusto mucho su estilo sobrio y elegante. La manera minuciosa y ágil de describir los espacios y la variedad de personajes bien retratados, con profundidad y sensibilidad.
El detective Adam Dalgliesh además de policía es poeta y muestra, como corresponde, una extraordinaria sagacidad al tiempo que una actitud respetuosa con todos (hasta con sospechosos y culpables) que me encanta.
Parece que para muchos la novela policiaca es un género menor, pero yo no estoy en absoluto de acuerdo. Creo que lo que en cualquier género se pueden hacer obras estupendas y obras mediocres. Está claro que, cuando alguien escribe tanto como lo hizo P. d. James, no todos sus títulos van a estar a la misma altura; pero después de haber leído más de media docena de obras suyas tengo que decir que mantiene un nivel muy alto. Por ejemplo, En “Una cierta justicia” hace gala de un conocimiento profundo del sistema judicial británico, al tiempo que los personajes individualmente cobran vida propia dentro de sus círculos sociales. Porque otra de las virtudes de estas novelas es que reflejan la sociedad británica en la ciudad, el campo, los barrios marginales, el Londres elegante, etc.
P. D. James nació en 1920 y murió en 2014. Durante su vida fue funcionaria y trabajó en el Ministerio del interior colaborando con la policía y en algunos ámbitos de sistema penitenciario. Todo esto le dio material de sobra para sus novelas, a lo que se añade una gran formación y un alto nivel cultural, que se deja ver en sus novelas, pero sin ostentación ni pedantería.
En general soy aficionada a la novela negra, pero mi reciente fervor por estas novelas creo que procede de esa necesidad de orden. En los libros de P. D. James la realidad se descompone por un crimen, pero poco a poco, con lógica, intuición y suerte la situación vuelve a colocarse. Eso no significa que siempre ganen los buenos ni que estos lo sean del todo. Como en la vida misma los hechos y las emociones se mezclan y no aparecen en estado puro. Por eso nuestro policía poeta mira con compasión y respeto hasta los que parecen más despreciables.
Estos meses he seguido como una sombra a Adam Dalgliesh por las comisarías de pueblo, las calles de Londres o los acantilados brumosos. Le he acompañado y he osado intentar descubrir la verdad antes que él. Tengo que decir que alguna vez lo he logrado, pero él es más listo que yo y casi siempre se me adelanta.
Como decía, en mi realidad de hoy, parece que las aguas van transcurriendo por un nuevo cauce. Eso sí, de momento sigo con mi poli poeta, que no voy a dejarle ahora solo porque estoy más tranquila. Además, nunca se sabe cuándo volverá el desorden ni dónde será la nueva escena del crimen.
Sí, menos mal que estos momentos de sobresalto, digamos, solo ocurren de tanto en tanto, Marimer. Me alegra mucho que las cosas estén más tranquilas, amiga. Y qué bueno, que además de los maestros espirituales hayas estado acompañada por estas lecturas que comentas. Por suerte, disponemos de varias herramientas y no hay por qué renunciar a ellas.
Seguimos, amiga, a veces rodeados de olas tranquilas y, a veces, en medio de tormentas y oleajes.
Tus lecturas y recomendaciones quedan archivados y guardados aquí para cuando se presente la necesidad. Gracias por compartirlas.
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