La princesa que tenía que convertirse en color
En febrero de 1990, bajo la innegable influencia de mi lectura de la obra de Rubén Darío, escribí el cuento breve que pongo a continuación.
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La sombra se agitaba rápida y silenciosa dentro del recipiente biselado. Los ojos permanecían clavados en la superficie rugosa, sin poder parpadear, sin poder desviarse, sin poder entender el milagro de la sombra violeta en el frasquito.
De pronto, un rayo de luz se reflejó en el tapón dorado y la devolvió a la realidad inmediata. Era imposible saber cuánto tiempo había estado inmóvil, sentada sobre una pierna, que ahora le hormigueaba.
No comprendía lo que había sucedido. Sabía que, por mucho tiempo que viviese, nunca podría comprenderlo. Nadie la había avisado de la fascinación del violeta, del halo de misterio melancólico que lo envuelve, de la suave y mortecina tristeza que irradia. Nadie la había avisado de su magnetismo. Se habían limitado a esconderlo, a apartarlo de sus ojos desde siempre.
Pero el final era irremediable, a pesar de los cuidados de todos para que no encontrase la esencia. El encantamiento tenía un plazo, y este se había cumplido ya.
Al levantarse del almohadón, su velo rozó levemente el pequeño tarro que había quedado al borde del escabel de plata. Ella ni siquiera se dio cuenta de que el frasquito se había roto. Ni siquiera se dio cuenta de que, poco a poco, todo se iba tiñendo del mágico color.
Su fascinación era tanta que, solo cuando ella misma estuvo disuelta en el violeta, comprendió que aquel era su destino fantástico y eterno, que le habían estado ocultando.
No parece que la princesa esté triste como nos habían dicho. Hemos vivido todo este tiempo en una mentira. Mejor así. Bonito cuento
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Es que esta princesa era budista, aunque ella todavía no lo sabía
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Muy bonito, abierto a mil interpretaciones. Me guardo la mía, muy aventurada y que me gusta mucho. Y no va sobre Buda.
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…Me encantará escucharla de ti la semana que viene. Y, al menos por lo que a mí respecta, no estaba pensando en absoluto en Buda mientras escribía ese cuento. Aún no estaba yo tan metida en esas cosas.
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