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Soledad constante más allá del amor («El camino estrecho al norte profundo»)

28 28Europe/Madrid junio 28Europe/Madrid 2023

A veces hay libros que dan para tanto que cuesta escribir sobre ellos. Es el caso de «El camino estrecho al norte profundo» de Richard Flanagan. Tenía tres borradores de reseña para publicar, y ninguno ha terminado de gustarme (ni este tampoco, pero ya está bien).
«El camino estrecho al norte profundo», a su manera, podría considerarse una novela histórica, pero con un tratamiento y una profundidad que nada tienen que ver con las anteriores, ni con las más comerciales de ese género. Yo diría que en este libro Richard Flanagan utiliza el pretexto de la guerra para hablar de problemas humanos y para reflejar un sentimiento hondamente pesimista y triste ante la transitoriedad. La desesperanza traspasa cada párrafo, hasta los más felices, y acaba calando al lector, como una lluvia lenta y persistente para la que no hay modo de protegerse.

Muerte y Amor son sin duda los temas que marcan toda la trama. El protagonista, Dorrigo Evans, es un oficial médico que vive y sufre el horror de un campo de prisioneros australianos en la Segunda Guerra Mundial. En «El camino estrecho al norte profundo» no se ahorra al lector la descripción de ningún horror ni físico ni mental. No se ahorra la vivencia de ninguna muerte ni de ninguna tortura, ni siquiera la de los propios torturadores, la de los «malos». La descripción detallada de las humillaciones, la degradación, la enfermedad es tan exaustiva que convierte esos episodios en algo tan palpable que muchas veces se hace casi insoportable la lectura.

Desde luego esta sí que no es una obra de héroes y villanos. En sus páginas todos los personajes tienen vida propia, miserias y perplejidades, miedos y arranques de valentía. Viven la degradación y la humillación todos. Y todos sienten y viven su muerte, y Flanagan nos lo cuenta dándoles a cada uno voz propia e individualidad. Llama la atención con qué sensibilidad se mete en la piel, en la mente,de cada personaje justo antes de su muerte, cuando la ven y la sienten llegar, y con qué destreza es capaz de hacernos sentir todas esas vidas distintas e iguales en la soledad ante la inevitabilidad del final de la existencia.

Así que «El camino estrecho al norte profundo» es también una novela de soledad. Ni el amor, ni la amistad, ni el deber, nada impide que todos los personajes estén solos y se sepan solos. La vida se muestra como un camino estrecho, como los que llaman en Asturias «sendas de persona». Solo se puede avanzar de uno en uno, a trechos con compañía delante, abriendo camino, a veces por detrás, cubriendo la retirada; pero solos, siempre solos, muchas veces por tramos tan estrechos que el camino ni llega a «senda de persona» y se queda en «paso de jabalí». Y ahí es donde uno se araña más la piel, donde más se desgarra la ropa, donde más consciente se hace cada uno de su soledad. Esta novela se centra en esos momentos de la vida, que para todos los personajes son la mayoría.

Por otra parte es admirable como Richard Fflanagan se mueve con agilidad entre la mentalidad occidental -cosa bastante fácil para un australiano- y la oriental. Es de destacar con qué acierto muestra la perplejidad de coreanos y japoneses ante la actitud de los prisioneros australianos. Los oficiales y soldados del ejército japonés los tratan como a esclavos, peor que a bestias. Y lo que no pueden comprender es cómo ellos mismos no se sienten así, no aceptan ese «justo» destino, después de haberse rendido. Porque para un militar japonés un prisionero, si además se ha rendido y se ha dejado capturar, es menos que nada. Así lo explica Ivan Morris en las primeras páginas de «La nobleza del fracaso». Los héroes japoneses lo son no por triunfar, sino por afrontar la derrota con honor, con la muerte. Para ellos convertirse en un «toriko», un prisionero, es caer en la mayor degradación personal y, además, familiar. Con la rendición del guerrero su linaje queda humillado y manchado por generaciones, que tienen que arrastrar esa vergüenza.

Ivan Morris también habla en su libro de la espada y el pincel en la historia de los guerreros japoneses, que siempre han ido juntos. Desde el primer héroe mítico, Yamato Takeru, hasta los jóvenes kamikazes de la Segunda Guerra Mundial, todos tenían a gala decir su poema final antes de morir. Muerte y poesía, amor y poesía, marcan también la trama de la novela, hasta el punto de que cada una de las cinco partes en que se divide están presididas por un haiku, e incluso el título lo recibe de una obra de Basho.

Oriente y occidente están presentes en «El camino estrecho al norte profundo», unidos por la tragedia de la vida, sobrepasados por el sufrimiento de la guerra, al mismo tiempo que comparten la sed de Amor. Al fin y al cabo, por encima de las razas y de las creencias, todos amamos y todos morimos.

Y, hablando de Amor (con mayúsculas), este empapa cada página del libro. El Amor en todas sus manifestaciones. Por ejemplo, fijándonos en Dorrigo, es casi doloroso ver cómo vive el amor, cómo lo manifiesta a su pesar, ya que el sufrimiento ha ido bloqueándole hasta dejarle incapaz de creer en sus propios sentimientos. El protagonista ama a sus compañeros, ama a su mujer, ama a sus hijos, ama a sus amantes y, sobre todo, ama a Amy. El amor de su vida, su motivo existencial, a la que él cree muerta porque su esposa le dio esa noticia falsa, en medio del infierno, cuando Dorrigo más necesitaba conocer la reconfortante verdad. Una única mentira marcó su vida y le sumió en la soledad más hermética.

En «El camino estrecho al norte profundo» no triunfa el Amor, no se impone a la transitoriedad y a los obstáculos. El Amor pierde la batalla ante el miedo y la inseguridad. La guerra mata a pesar del amor y la amistad, la enfermedad castiga a pesar del amor, el cansancio y el miedo bloquean las emociones y la gran historia de amor entre Dorrigo y Amy, al final, tampoco se realiza porque…

«… Él tenía su vida, y ella la suya; ni en sueños era posible una fusión de ambas. Y lo que no alcanzamos a soñar, nunca alcanzaremos a hacer».

Desde que leí hace unas semanas esta frase no he dejado de tenerla presente. En sentido contrario es lo mismo que decía mi madre: «Si quieres algo mucho, muchísimo, con todas tus fuerzas, lo consigues». Es decir, si eres capaz de soñarlo con intensidad, de creer en ello, el pensamiento se materializa.

Pero Dorrigo y Amy, a pesar de haber conservado su amor intacto en el corazón, no han podido creer en que se realizara. La vida, los años, la distancia y el sufrimiento no dejaron crecer su sueño, su historia. Tal y como sucede con la novela romántica que Dorrigo no puede terminar de leer en el campo de prisioneros, porque le faltan las últimas páginas…

«Pero no había nada más. Alguien había arrancado las últimas páginas y las había usado como papel higiénico o se las había fumado, así que no había esperanza, ni alegría, ni comprensión. No había última página. También el libro de su vida se había visto bruscamente truncado. No le quedaba más que el fango bajo los pies y el cielo inmundo sobre la cabeza. No habría paz ni esperanza. Y Dorrigo Evans comprendió que aquella historia de amor quedaría inacabada por toda la eternidad, como un mundo sin fin».

Pasada la guerra, pasados los años, Dorrigo y Amy se encuentran cruzando un puente, cada uno caminando en un sentido y ambos se reconocen y no se paran, ni se miran apenas. No han podido soñar con una vida juntos, con un reencuentro y se han perdido el uno al otro para siempre. En la estética japonesa lo verdaderamente bello no puede ser perfecto, acabado. Tal vez eso es entonces lo que hace más hermoso y excelso el Amor entre Amy y Dorrigo, su imperfección.

«Y entonces se volvió de nuevo y siguió caminando por caminar, sin rumbo ni propósito. La creía muerta, pero al fin lo entendía: era Amy la que había seguido viva y era él quien había muerto».

Amy llevaba, y seguirá llevando hasta el fin de sus días, el colgante de plata con una perla engastada que Dorrigo le regaló, sintiendo con ello en su piel casi la única prueba de que su amor fue real, que verdaderamente existió. Porque ella supo que él había sobrevivido y nunca pudo comprender por qué no vino a buscarla, tal y como había prometido. Insegura, desconcertada, siguió amándole a distancia, pensando que no debía interferir en la vida del hombre que amaba porque ya la habría olvidado.

Decía Zsa Zsa Gabor: «Nunca he odiado tanto a un hombre como para devolverle sus joyas». Amy amó tanto que nunca se separó de esa pequeña joya, como una gota luminosa de felicidad, que en un momento de entrega supuso a Dorrigo todo lo que tenía, antes de que la guerra y el peso de la vida aplastasen su sueño.

«… y al volver sobre sus pasos vio que, a un lado del sendero enfangado, en medio de la sobrecogedora oscuridad, había brotado una flor escarlata.

Se inclinó y alumbró con la lámpara aquel pequeño milagro. Allí se quedó, encorvado bajo la lluvia torrencial, durante mucho tiempo. Luego se incorporó y reanudó la marcha».

Sí. reanudó la marcha de la vida, pero sin olvidar nunca la Flor escarlata que lucía Amy el día en que se conocieron.

9 comentarios
  1. Avatar de Víctor Fernández-Chinchilla
    Víctor Fernández-Chinchilla permalink

    ¡Qué bien que te hayas decidido a reseñar un libro! Aunque la reseña sea estupenda no me han entrado ganas de leer la novela. Cuando yo leí las memorias de la casa muerta de Dostoievski me dijiste que vaya cosas siniestras que me gustaban. Pues esta tiene que ser una alegría. Por cierto, ¿Australia será Oriente u Occidente?

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    • Avatar de marymer de Chamberí

      Me alegro de que te haya gustado la reseña, pero tiene truco. si te fijas, está en la categoría «ecos», que es la de mis reediciones. Esta entrada es de enero de 2017 y la obra me tocó leerla por motivos de trabajo. Por elección propia no me hubiera sumergido en ella, aunque tengo que reconocer que me hubiera perdido una obra estupenda. Eso seguro que me ha pasado (y me pasará) más de una vez. Como estoy revisando todo el blog, algunas entradas (muy pocas), van a tener una segunda oportunidad. En cuanto a si Australia es oriente u occidente, ya sabemos de nuestro eurocentrismo, que es el que marca los nombres de los lugares: Extremo Oriente, Oriente Medio, etc.

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  2. Avatar de marymerfan
    marymerfan permalink

    ¡Pedazo de reseña! El libro tendrá 2 o 3 páginas más… La verdad es que me ha encantado leerte, pero el libro ya me da más reparo. Ya no está uno para temas tan duros, la verdad. Me atrae más perderme por una senda de persona de Asturias. (Me ha encantado el término). Por cierto, los devotos del «toriko» de Teruel te van a correr a gorrazos… Perdón, me ha salido solo, ya me conoces. Muchos besos.

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    • Avatar de marymer de Chamberí

      ¿pero qué les he hecho yo a los de Teruel? Es que no lo pillo…. ya sabes que muy lista no soy. Comprendo lo que dices de no lanzarte a leer este libro, pero creo que , a pesar de lo duro que es, te gustaría. Además tu lo podrías leer en inglés, que, según me dijeroon, está mucho mejor. Hasta ahí no llego yo. En todo caso, te agradezco que hayas leído la reseña, que es un poco larguísima, la verdad. ¡Muchos besos!

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  3. Avatar de Lupe
    Lupe permalink

    La canción me ha gustado mucho, Marimer. Muy suave, armónica, tranquilita y alegre. La reseña es estupenda y me encanta ver en qué cosas te fijas, qué otras te evocan a ciertas personas, etc. No la había leído en 2017, para mí es novedad hoy.
    Ay, Australia, cómo me hace pensar en Bardem y su película: «Los lunes al sol». Tiene un pequeño monólogo con el que me parto. Reza así: «Australia, ¿tú sabes por qué se le llama las antípodas?». Así comienza el fragmento al que me refiero… No sé si lo conoces… Y perdón, que me he ido por los cerros de Úbeda.

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    • Avatar de marymer de Chamberí

      ¡Gracias, querida! No recuerdo ese monólog, aunque lo oí en su momento y lo buscaré. La canción está interpretada por una cantante japonesa y habla de una flor blanca y una flor roja. Es muy ingénua, pero muy dulce a la vez. a mí también me gusta mucho y me trasmite mucha serenidad.

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  4. Avatar de Fernando
    Fernando permalink

    Pues a mí me han dado muchas ganas de leer el libro. Aunque parezca una lectura un poco depresiva, lo que es seguro es que no parece que te vaya a dejar indiferente, que te va a revolver… qué más y mejor se le puede pedir a la literatura.
    Y pronto estaremos otra vez desbrozando sendas de jabalí, como es habitual, por estas Asturias remotas…

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    • Avatar de marymer de Chamberí

      ¡Así sea! Esperemos que pronto estemos por allí y podamos hablar de este libro y de un montón de cosas más que tenemos pendientes. ¡Y además de cantar juntos! Creo que el libro en cuestión, aunque duro, vale mucho, mucho la pena. Yo lo leí por motivos de trabajo, pero sería una pena habérmelo perdido. Un amigo mío lo leyó en inglés y dice que le gustó mucho. te lo digo por si te animas. ¡Muchos besos!

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  1. Soledad constante más allá del amor («El camino estrecho al norte profundo») – Adrián Moreno Velez

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