Sin lágrimas
Nació contigo,
una mañana fría,
aún de invierno.
Murió contigo,
una tarde de otoño,
igual a esta.
Sonríe y llora
esa niña sin lágrimas,
que ya envejece.
Estos tres haiku son un pequeño recuerdo para mi madre que murió tal día como hoy, hace ya once años.
Nací con los lagrimales cerrados, tal vez como una metáfora de cómo sería mi manera de afrontar el sufrimiento. Por cierto, muy parecida a la de mi madre.
Ahora, cuanto más envejezco, más cuenta me doy de todo lo que me parezco a ella, también, claro, de todo lo que nos diferenciaba y de lo que nos distanció, seguramente sin necesidad.
Nací de ella y morí un poco con ella, pero también es cierto que sigue en mí hoy y cada día.
Se nace y se muere. Se cambia de piel más de una vez en la vida. Y, sin duda, sin ninguna duda sobre todo se sonríe, aunque sea entre las lágrimas, como hacen los rayos de sol cuando cortan la lluvia y la rompen en colores.
Así que ahora, después de todo lo pasado y antes de lo que esté por venir, solo puedo decir «¡gracias!».
¡Qué bonito!
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¡Muchas gracias!
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Nació en invierno pero la primavera, cuando la vio, no se pudo resistir y se presentó volando
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🙏🏻
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¡Qué delicado, Marimer! Y qué alegre el comentario de Víctor, casi infantil (es un halago).
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¡Muchas gracias, Lupe! 😘😘
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¡¡¡¡Precioso!!!!
¡Y el comentario de Víctor, también!
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Muchas gracias por leerlo y por tu comentario. ¡Qué alegría volverte a encontrar por aquí! Ya me contarás también qué tal van tus escrituras. ¿Tenemos algún cuento nuevo? Ya me contarás.
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