Amaterasu y la Reina de la Noche
Desde el espacio,
modulando las sombras,
ríe traviesa.
En la cosmología shinto el Sol es una diosa, amaterasu.
Me parece un acierto pleno: nada de lunas luneras cascabeleras, traicioneras y liantas. La luz, tanto en sentido físico como metafórico, la Sabiduría, la bondad, el bien, son los atributos de una diosa hermosa, alegre y juguetona, que, cuando se esconde, deja a todos a oscuras -ni siquiera a dos velas-, tanto a dioses como a hombres. Aunque, si bien es cierto, no por mucho tiempo, porque el aislamiento no es lo suyo y, en cuanto escucha el jolgorio fuera de la cueva donde se ha ocultado, no puede evitar asomarse.
Hoy, escuchando esta preciosa aria de “Der Hölle Rache kocht in meinem Herze”, pensaba que más me suena a sombras, maldad e ignorancia la voz de bajo de sarastro que la elevada y luminosa de la Reina de la Noche. ¡Qué poco atinada distribución de voces y de papeles! Siempre he pensado esto al escuchar “La flauta mágica”. Sin duda, la “buena” tendría que ser ella y no él, como pasa en la cosmología japonesa: amaterasu es la luz, generosa, inteligente y bondadosa, mientras que sus dos hermanos, Tsukiyomi (dios de la luna) y Susanoo, tiran más bien a brutos, agresivos y no muy espabilados.
Si una servidora tuviera conocimientos y capacidades musicales suficientes (¡Ahí es na!) compondría una versión de “La flauta mágica” a la japonesa, dándole la vuelta a todo, ¡y que se chinche la misógina masonería! Aunque, bien es cierto que, al menos en esta reencarnación y por mi causa, me parece que no se va a chinchar nadie…