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Persona, vida y máscara

2 02Europe/Madrid noviembre 02Europe/Madrid 2017

El significado original de la palabra persona tiene poco que ver con lo que entendemos ahora por tal cosa (si es que entendemos algo al respecto, que no sé…). Se trata de una voz del latín antiguo y de origen etrusco, que hace referencia a la máscara de teatro, al personaje, en absoluto a un “yo real”.
Hace varias semanas, realizando una práctica de meditación en movimiento, me surgió colocarme las manos delante del rostro. Inmediatamente sentí una gran liberación. Surgió en mi mente la imagen de una máscara de protección que, paradójicamente, me permitiría ser la “yo misma” que quisiera en cada momento.
Esta Marymer (o estas marymeres) conocida, construída día a día, hora a hora, tan falsa y tan real, exige un comportamiento, una actuación como “persona”, que a veces cansa, aburre o, lo que es aún peor, limita, coarta la libertad de otras marymeres que pugnan por aparecerse, por abrirse paso en la esscena, como esas actrices secundarias que esperan ansiosas a que le dé un “ay” a la actriz principal para salir en su lugar… O no esperan, como en la estupenda película de 1950 “All about Eve”. Tal vez por eso, antes de que unas máscaras aniquilen a las otras para abrirse paso y confundirse de nuevo con un “yo real” sería interesante poder verlas y sentirlas a todas como tales, dejarlas que se manifiesten, que jueguen su papel.
Puede ser que eso fuese lo que hacía Fernando Pessoa con sus heterónimos: ponerse máscaras e interpretar los papeles correspondientes. Y, qué curioso, además llamándose precisamente “pessoa”. Da qué pensar o, mejor dicho, a mí estos días también me ha dado qué pensar. Siempre me ha gustado jugar a ponerme nombres distintos, a escribir como “otra yo”. Ojalá tuviese también el talento de Pessoa. Qué le vamos a hacer.
En fin, el “yo”, la “persona”, no es más que un compendio de ideas y actitudes con las que nos identificamos. Nos apegamos a nuestras opiniones y a nuestra manera de actuar. seguimos nuestro guión de vida, el que tácitamente nos hemos trazado y el que los demás esperan que interpretemos. ¿Pero qué pasaría si pudiéramos ponernos una máscara y liberarnos de esa otra que ya se nos ha quedado pegada? Quién sabe… Los carnavales son un ejemplo claro de ello, de liberación. Y los pseudónimos literarios también pueden serlo, si uno se deja llevar y si realmente nadie sabe quién eres.
He titulado esta entrada “Persona, vida y máscara” como homenaje a una obra de Matías Montes-Huidobro, que yo consulté y estudié hace más de veinte años. Confieso que no recuerdo apenas nada de su contenido. No obstante, este título, su título, se me quedó grabado. Ya entonces me dio qué pensar y ha resurgido de nuevo estos días, seguramente porque sintetiza muy bien lo que he estado pensando y lo que quiero decir hoy: persona, vida y máscara son una misma cosa, porque son los hilos que, entrecruzados tejen la existencia.
Tengo que seguir reflexionando acerca de todo esto pero, sobre todo, qquisiera liberarme de viejas “personas” o “máscaras”, sin dañarlas ni romperlas, ya que me temo que eso me obligaría a adoptar otras que acabarían por ser igual de pesadas y estrechas.
No sé… Pero sigo en ello.

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