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Fe

12 12Europe/Madrid agosto 12Europe/Madrid 2018

Abandonar, renunciar a la lucha, sin victoria ni fracaso. Sencillamente descansar.
Tendría que ser posible. Uno tendría que poder pararse a mirar, a escuchar, a oler, a sentir, liberarse del miedo a perder el rumbo, a perder el tiempo. Ese rumbo y ese tiempo que ni siquiera existen.
Abandonar la lucha es la lucha. Descansar es el trabajo. Dejarse arrastrar como una rama en la corriente del río.
¡Qué maldición la de la acción! ¡Qué agotadora batalla!
Tal vez la única solución es la fe: en un dios, en el universo, en la tierra, en el amor, en las cosas, en las personas…
Seguramente es eso: falta fe. Falta confianza en lo que se hace, en lo que se sabe, en lo que se siente y en lo que se piensa. Todo es tan impermanente, tan efímero, que da miedo apoyar la cabeza para dormir sin cuidado alguno. Falta fe en los ángeles que se aparecen en los sueños y en la poesía, aunque casi se les pueda tocar en su brillante existir.
¡Qué milagro el de la fe! ¡Qué fortuna la de quienes la poseen!
Surge así la paradoja de la pereza y la acción: hacer, hacer, hacer, porque da pereza cambiar y estar, solamente estar. Por esta razón cuesta tanto mantener día a día la meditación y la quietud. Es más fácil seguir en la inercia de elaborar y producir: palabras, tejidos, conocimientos, discursos, chismorreos… Eso es hacer, eso produce un resultado y no necesita fe alguna. Sin embargo, contemplar, permanecer y soltar dan mucha pereza porque “¿para qué?”.
Falta tanta confianza en la propia sabiduría y en nuestro corazón, que todo hay que aprenderlo en cursos, talleres y libros, con técnicas, cuanto más complejas, mejor: así podemos hacer hasta cuando se trata de no hacer.
¿La confianza, la fe, crecen si se las cultiva?
Sinceramente no lo sé. Quiero pensar que sí, pero hoy, al menos hoy, no tengo la respuesta.
En todo caso, si no hay fe, habrá que apoyarse en otra cosa, tal vez en una sana disciplina. Porque, ante todo, no se puede renunciar a la liberación y la paz internas, a la posibilidad de un día, un instante, dejar de luchar y abandonarse al poder de existir.

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