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La ciudad de los guantes perdidos

31 31Europe/Madrid enero 31Europe/Madrid 2021

Nevada, foto de Javier

¡Canta a la luna helada
el Ruiseñor de invierno que invoca el temporal!

En las calles nevadas enmudecen los motores,
gritan los niños
y florecen los guantes solitarios,
perdidos y vacíos,
húmedos y fríos,
empapados de nostalgia de una mano acariciada,
de su forma,
de un compañero simétrico,
de su reflejo.

Tanta soledad la de los guantes caídos…

Como flores marchitas de colores apagados
adornando el velo blanco de una novia abandonada,
quedarán olvidados por la prisa y los juegos,
sin apenas espacio ni para un leve copo de recuerdo.

***

Según la mitología griega, Filomena fue una joven que vengó su violación con un acto terrible y cruel. Este asunto es referido bellamente por Ovidio en sus “Metamorfosis” y posteriormente también sirvió de inspiración a otros muchos poetas como Lope de Vega y Shakespeare.

La trágica historia termina con la transformación de los protagonistas en aves. A Filomena le correspondió convertirse en ruiseñor. ¡Con lo inofensivo que parece ese pajarillo!

Quizá por eso nombraron Filomena al temporal que nos llegó a Madrid el pasado día 8. Este ruiseñor tan particular llenó de nieve las calles hasta el punto de parar el tráfico por completo y quebrar los árboles con su peso. Esa noche, como no, yo andaba por la calle y fue casi una aventura volver a casa entre la ventisca.

Aun así, al día siguiente me quedaron ganas de salir a caminar hundiéndome en la nieve. Me equipé bien, con buenas botas, bastones y, por supuesto, guantes. Estos eran ya viejos, muy usados en frías caminatas por el monte. El tejido polar rojo oscuro ya tenía algunas bolitas del roce, pero les quedaba vida conmigo. Eso creía yo antes de salir.

Me puse en marcha, pero no duré mucho de paseo. Parece que todo el barrio había pensado lo mismo que yo y la calle era una romería. Antes de volver me quité un guante para consultar el teléfono (como todos los que andábamos por allí), y ese guante ya no volvió a casa.

No diré que me dio pena, aunque un poco sí. No eran mis guantes más bonitos, ni los mejores, pero sí que me habían acompañado y servido en muchos lugares y ocasiones.

Dejé el otro guante solitario sobre el mueble de la entrada, con la esperanza vana de que pudiera recuperar a su compañero, pero no fue así.

En los días sucesivos, paseando por Madrid, se fue haciendo evidente que otros muchos guantes habían caído inadvertidamente y estaban sembrando las calles blancas con sus texturas y sus colores invernales.

Todos estos días no he podido dejar de pensar en ellos, en sus formas vacías como fantasmas apartados del cuerpo que un día tuvieron, doblemente solos: sin su pareja y sin su mano. Muchos guantes perdidos y olvidados, metáfora de las víctimas del aislamiento producido por el descuido y el apresuramiento que con frecuencia nos atolondra. Esto es lo que he querido transmitir hoy.

En cuanto a la música, al mirar posibles etimologías de “Filomena”, una de las propuestas es “amante de la luna” y, como no, Rusalka volvió a mi recuerdo y a mi corazón, con la magnífica interpretación de Asmik Grigorian, a la que tuve el inmenso placer de escuchar el pasado noviembre en el teatro Real (pero esto lo dejo para otra entrada, que la merece).

***

From → Espejismos

2 comentarios
  1. Víctor Fernández-Chinchilla permalink

    PRECIOSO. ahora tienes que cantar a los pobres guantes que se han quedado de non en el calorcito del hogar, confortables pero solitos

    Le gusta a 1 persona

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