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Sueño de tierra y agua

30 30Europe/Madrid mayo 30Europe/Madrid 2023

En la orilla el agua cubre pequeñas plantas que, sin ser acuáticas, están completamente sumergidas. Mirándolas con atención resultan ser geranios silvestres florecidos. Es curioso pero el agua no les afecta. Ni siquiera parece tocar los delicados pétalos rojos de las florecitas.
Me decido a levantar un poco la mirada. Veo en la lejanía un cielo gris plomizo fundido con el oscurísimo azul del agua. No hay horizonte, solo una masa confusa. Y ahora ya comprendo lo que ha sucedido y lo que sucederá.

*****

No sé cómo llegué hasta aquí. Me encontré empapada, descalza y sola en mitad de este paraje extraño. Todo a mi alrededor era hermoso y terrible. Me abrumaron los verdes intensos de la vegetación, que casi herían los ojos. Las piedras, llenas de aristas y puntas, se me clavaron en los pies. Los insectos zumbaban y chirriaban atronadores. Sin embargo, al mismo tiempo, todo era bellísimo, aterradoramente bello y peligroso. Creo que por eso, enseguida, dejé de ocuparme del dolor.
Empecé a explorar. Era todo nuevo y, a la vez, conocido. Cada árbol me recordaba a otro, los cantos de los pájaros me resultaban familiares, pero en verdad no conocía nada de lo que me rodeaba.
Por fin entré en una zona más despejada. Allí comenzaba una especie de pista pedregosa. A lo lejos un coche viejo y polvoriento estaba parado, como si lo hubieran abandonado hace mucho tiempo. Me acerqué y vi que dentro había un hombre dormido. No era ni guapo ni feo, ni joven ni viejo. Su ropa era tan anodina como él mismo. Parecía que le faltaba color y vida, aunque solo fuera por el contraste con la abrumadora naturaleza que nos rodeaba. Me parece que él debió de pensar lo mismo de mí cuando se despertó, porque me miró con cara de absoluta indiferencia, como si yo no fuese más que una mota de polvo en el parabrisas. No cruzamos una sola palabra. Éramos dos personas en un mundo extraño y extrañas entre sí. Como si compartiéramos el espacio en dimensiones diferentes e inaccesibles.
Sin más, me alejé unos pasos y él arrancó el coche. Mientras lo miraba alejarse por la pista de piedras y polvo, se me figuró un retrato en sepia tratando de huir hacia el pasado. Supe que le sería imposible. Por mucho que quisiera, ese hombre descolorido no tenía adónde ir. No había más camino.
Yo también tenía que marcharme a algún sitio. ¿Hacer algo? ¿Buscar algo? Seguía confusa, aunque tras este encuentro se había abierto una pequeña fisura por la que entraba una pobre luz en mi entendimiento.
Seguí caminando con los pies doloridos por las piedras y los brazos arañados por las zarzas, pero sin prestar atención al dolor, obnubilada por todas las formas colores y ruidos que me penetraban.
Y llegué por fin a una zona selvática. Entre una tupida vegetación se abría una gran charca de agua lodosa. Frente a mí, en la otra orilla, vi a una mujer con pantalón corto y melena morena, caminando resuelta muy cerca del borde. Ponía poco cuidado en su marcha, teniendo en cuenta que era fácil caerse al agua. Efectivamente, en un momento dio un traspiés y se precipitó dentro de las cenagosas aguas. Gritaba aterrada y dolorida mientras se agitaba intentando salir, pero la orilla estaba alta y escurridiza. Por fin, con gran esfuerzo, jadeando y llorando logró encaramarse de nuevo a la tierra, aunque para ella ya nada sería igual, porque las pirañas la habían mutilado. Le faltaban trozos de carne en las piernas y aún llevaba enganchados algunos de esos bichos negruzcos y repugnantes. La vi marcharse, desaparecer entre la maleza, con la seguridad de que, como el hombre de color sepia, tampoco tenía adónde ir ni medios para llegar a ninguna parte.
Me fui de allí sin haber hecho nada por aquella mujer y sin haber cruzado con ella ni una mirada. Como con el hombre descolorido, tenía la impresión de estar compartiendo un espacio y un tiempo, pero otra vez en dimensiones distintas. Tal vez fuésemos como líneas curvas que se encuentran en un punto y que, apenas se tocan, se distancian en el infinito.
No obstante, El sufrimiento de aquella mujer de algún modo llegó a alcanzarme en el centro del pecho y abrió de golpe esa fisura de mi entendimiento, convirtiéndola en una enorme grieta por la que ya cabía un chorro de luz clara. Así me di cuenta de lo que sucedía: yo estaba viviendo. Esta cosa extraña era existir.
Entonces volví a caminar, consciente de todo, habitando todo el espacio y todas las formas, sensible al dolor, al aroma, al zumbido, al brillo de las hojas…

******

…Y ahora ya estoy aquí, en la orilla, atenta a estos misteriosos geranios sumergidos en el agua y en el silencio.
Acabo de comprender la verdad: la vida es solo esto: la tierra emerge un momento desde lo más profundo de las aguas, para que la habites un instante y luego vuelve a sumergirse sin ruido.
Pero yo decido que no voy a esperar. ¿Para qué? Esa masa profundamente oscura me envolverá tarde o temprano. Los geranios silvestres están felices y serenos ahí debajo y yo también lo estaré.

From → Espejismos, Ficción

4 comentarios
  1. Avatar de Lupe
    Lupe permalink

    El texto me resulta críptico y enigmático, pero las palabras son hermosas y evocadoras… Y lo que me sugiere es que, al fin y a la postre, uno no es más que una pequeña partícula del universo, pero este nos acoge y nos protege. Así que estés donde estés, al borde del agua, sumergida o a flote, el universo te abraza porque formas parte de él.
    La música de Stravinski, «Adoración de la Tierra», tan inquietante y desarmónica, la encuentro muy acorde a lo que cuentas.
    Feliz noche, amiga.

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    • Avatar de marymer de Chamberí

      ¡Muchas gracias, amiga! No andas muy desencaminada, porque el texto es la recreación de un sueño que tuve hace un par de noches. Así que no me extraña que resulte críptico. En cuanto a la música, se la debemos a nuestra amiga común, Carmen. Me la envió el otro día y me ha parecido que le venía como un guante al texto. Como te digo, tu interpretación me parece muy bonita. Feliz noche.

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  2. Avatar de Fernando
    Fernando permalink

    Tienes que cenar más ligero, esos sueños son muy agitados.
    Dicho lo cual, me parece una historia cargada de simbolismo, muy hermosa de leer y abierta a diversas conclusiones; y la rematas con una especie de moraleja que comparto.
    Me gusta la interpretación de Lupe.
    ¿Y quién es el anodino conductor? ¿Aquél que llega al fin de sus días y descubre que ha desaprovechado el regalo de la vida? ¿O es esa parte de nosotros que querríamos cambiar y no podemos?

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    • Avatar de marymer de Chamberí

      Muchas gracias por tu comentario! Estoy de acuerdo en que cenar demasiado parece que no me sienta muy bien… La interpretación de Lupe es muy bonita, pero no coincide con la mía, con la que forma parte del sueño. En cuanto a tu interpretación del conductor anodino, me gusta mucho y me da qué pensar porque yo no sabía muy bien a santo de qué andaba por ahí. Y, sí, la moraleja es muy clara: cuando se vea el final lo mejor es lanzarse.

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