Ir directamente al contenido

De la tormenta a Anapanasati

11 11Europe/Madrid junio 11Europe/Madrid 2025

Esta tarde tormentosa, tan bonita como extraña, me recuerda a algunas de mis sesiones de meditación.
Tan pronto graniza con una fuerza extraordinaria, que parece que va a quebrar a golpes el tejadillo del patio, tan pronto cesa súbitamente para en unos minutos descargar un chaparrón con rayos y truenos.
Las sesiones de meditación muchas veces, en el fondo, también son así. Aunque desde fuera , quien me mirase, vería tan solo una mujer sentada en un sólido cojín azul, prácticamente inmóvil, lo que está sucediendo en el interior tal vez es radicalmente diferente.
Cada día, cuando me siento a meditar, es diferente. Y no solo cada día, dentro de esa hora que dedico por las mañanas al encuentro con mi propia mente, se producen momentos de todo tipo: agitación, calor, frío, silencio, paz, ruido y, muy de vez en cuando, unos instantes de lucidez donde se saborea una gota de lo que debe de ser la claridad de la Mente.
Como dice esa metáfora famosa referida a la meditación: uno conoce el sabor del océano con una sola gota de su agua. Y de verdad creo que es así. En mi limitada experiencia siento que es así.
De ahí también el último tanka que he publicado, “Océano de ideas”, que realmente debería haberse llamado “Picahielo”, porque me ha servido para romper el silencio aquí, tanto como el trueno que acaba de marcar el inicio de otro chaparrón. Como decía, en este tanka las ideas, como peces, se agitan y dan vueltas por los oscuros mares de mi mente. Una mente casi siempre más revuelta de lo que pueda parecer, menos clara y mucho más condicionada de lo que yo quisiera.
Pero no me desanimo. Sigo en ello respiración a respiración, instante a instante, cultivando la atención como se cuida de un brote tierno que se desea sacar adelante. Una sabe que es frágil, que se puede quebrar tanto por exceso de riego como por descuido y olvido. El brote es frágil, pero fuerte en su vulnerabilidad. Tiene buena tierra y buena raíz, así que vale la pena mimarlo.
Cultivar la atención en Anapanasati tiene algo de labor de horticultura y, por qué no, también de artificiera. La mente egoica es especialista en la colocación de artefactos personalizados, diseñados para dinamitar la meditación y la búsqueda y el encuentro con la verdadera Mente clara.
¿Y por qué? Pues en buena medida porque la supervivencia de ese yo egoico depende de que no descubramos que no es más que humo, que bajo la sábana que da tanto miedo no hay ningún fantasma, solo viento.
Este es el juego que hay que aprender a jugar para liberarnos de tanta atadura inútil y de tantos lastres que pesan y duelen.
Solo respirando, solo observando, con ese poco y ese muchísimo voy soltando cada día un poco de aquello que sé que no soy y que de nada sirve.
… Y además esta noche, felizmente, sigue lloviendo. ¡Qué bien!

4 comentarios
  1. Avatar de Víctor Fernández-Chinchilla
    Víctor Fernández-Chinchilla permalink

    Mucho ruido y pocas nueces es lo que tenemos algunos en la cabeza. Y las tormentas y borrascas de nuestro interior son como las tormentas de verano: mucho alboroto, poca agua y menos frescor, sin contar la posibilidad de un desastroso pedrisco. Domesticar a ese mono escandaloso y estresado que nos habita es la función de la meditación, un arduo trabajo.

    Le gusta a 2 personas

  2. Avatar de luperodriguezsantizo
    luperodriguezsantizo permalink

    Me ha encantado tu artículo, amiga. Te felicito por esa práctica continuada de meditación y gracias por compartir tu experiencia. Beso grande

    Le gusta a 2 personas

¿Qué te sugiere?