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Después de «The Place. El precio de un deseo»

19 19Europe/Madrid julio 19Europe/Madrid 2026

Y seguimos con el cine, porque hay otra película que últimamente me ha gustado mucho: “The Place. El precio de un deseo”. A pesar del título, se trata de una película italiana del director Paolo Genovese. No entiendo yo la estúpida moda de poner títulos en inglés y nombres de establecimientos, productos y todo tipo de cosas en ese idioma. En fin…. Habrá que resignarse, pero, al menos, que quede el recurso del pataleo.
Tal vez en este caso sea porque la película está basada en la serie estadounidense “The booth at the end”. Pero esto lo digo por decir. Porque The Place es el nombre de la cafetería donde se desarrolla toda la acción y, en la película, esta está en Italia. En fin… Supongo que allí, como aquí, las panaderías son ahora “bakeries”, que queda más fino y más moderno.
Dejando al margen estas cosillas, tengo que decir que la película me ha encantado y, como “Rental Family”, también me ha dado qué pensar. “The Place. El precio de un deseo” podría ser perfectamente una obra de teatro. Prácticamente toda la película se desarrolla dentro de la cafetería, en la mesa que ocupa siempre un hombre misterioso con su agenda. Allí acuden distintas personas con anhelos y deseos que él les dice que pueden lograr a cambio de realizar otras acciones, en muchos casos, terribles.
Lo importante de esta película son los diálogos y ver cómo van evolucionando los personajes, incluido el propio hombre misterioso, que no se sabe si es un demonio o un agente del karma. Sanar a un ser querido, volverse atractiva, recuperar la vista, conocer a una chica de calendario, sentir de nuevo a Dios… los deseos planteados son diferentes, pero todos los que los plantean tienen en común sentirse atrapados por esa necesidad.
Las tareas encargadas por el hombre misterioso parecen surgir de su agenda. Es como si él fuera un mero transmisor del encargo procedente de no sé sabe dónde. Matar a una niña, destruir la unión de una pareja, violar a una mujer, poner una bomba, robar… son ejemplos de las tareas requeridas, si se quiere salvar la vida de un hijo o recuperar la vista.
Todo parece caótico y terrible, pero poco a poco nos damos cuenta de que los personajes están interconectados. Sus acciones o sus omisiones afectan a los demás. El hombre misterioso cada vez se ve más agotado ante su abrumadora misión. ¿Será también una tarea para obtener un deseo?
Esta es una película donde no hay soluciones fáciles. No hay buenas respuestas y se impone la reflexión. Sin embargo, no por esto se trata de una obra cargante y pesada. Los diálogos y los sucesos son ágiles, pero inducen a plantearnos más de un dilema.
No creo que haya sido la intención de Paolo Genovese, pero, para mí, esta película toca muchos temas de la fenomenología y la psicología budistas. ¿A qué conduce el aferramiento? ¿Cómo afrontar el sufrimiento del cambio? ¿Qué hacer ante la pérdida? ¿Cómo influye todo lo que hacemos en los demás, aunque ni lo imaginemos? ¿Qué papel juega el Karma en todo esto? “The Place. El precio de un deseo”, por supuesto, no da una solución, pero muestra muchas maneras de afrontar todas esas cosas que nos pasan a todos y nos seguirán sucediendo. ¿Hasta dónde podemos llegar para obtener lo que queremos? Y, más aún, ¿qué hacemos con ello una vez obtenido? ¿Valía la pena? ¿nos ha satisfecho? Y la respuesta es: ¡Noooooooooooo!
Los personajes que llegan a hacer cualquier cosa para lograr sus fines finalmente comprenden que han pagado un precio muy alto por una quimera. Al mismo tiempo, los que no logran su objetivo de algún modo se dan cuenta de que ese no era el camino. No se trata de una oda al conformismo, pero sí una mirada sobre la aceptación de la realidad, cambiante, a veces dolorosa, y también a veces brillante. No se puede huir de lo que no nos gusta sin pagar un precio, casi siempre, altísimo.
En fin, esta película me ha parecido interesante y muy diferente a otras, especialmente de cine italiano que yo haya conocido. Solo tengo una objeción que poner. En algunas de las escenas hay un chico ciego que va varias veces a ver al hombre misterioso para pedirle recuperar la vista. Esto, en sí, ya es un topicazo de los gordos, pero vamos a dejarlo estar… Sin embargo, no se queda ahí, en uno de los momentos el chico le pide al hombre tocarle la cara para “verle”. Yo, sinceramente, no sé de dónde se han sacado los autores de cine o de literatura la estupidez de que los ciegos vamos tocando la cara a la gente. Esto es una sandez repetida, que les debe de resultar muy emotiva, pero que ya carga.
A parte de ese pequeño detalle, me parece que “The Place. El precio de un deseo” es una película estupenda que vale la pena ver y escuchar atentamente, porque dice mucho acerca de cómo somos y cómo podemos llegar a ser si nos perdemos en nuestro egocentrismo. Por otra parte, espero que a alguien se le ocurra hacer una versión para teatro, porque quedaría fenomenal encima de un escenario.

Y aquí la versión de solo audio disponible en iVoox con audiodescripción:

https://www.ivoox.com/the-place-el-precio-deseo-audesc-audios-mp3_rf_175520741_1.html

 

6 comentarios
  1. Avatar de marymerfan
    marymerfan permalink

    Gracias, Mercedes, por tus recomendaciones cinéfilas La idea de ir por ahí tocando caras en lugar de ir dando la mano habría que trabajarla…

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    • Avatar de marymer de Chamberí

      ¡Gracias a ti por leer fielmente mis tonterías! Llevas razón en que no estaría mal «tocar la carita» a alguno, en vez de darle la mano.Ganas dan a veces después de oirles. Pero a lo «La venganza de don Mendo» cuando dice: «¡Villano!… Has puesto en mi faz la mano.»

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    • Avatar de Víctor Fernández-Chinchilla
      Víctor Fernández-Chinchilla permalink

      Fue el desdichado padre de don Juan Tenorio el que dijo eso, y no aquel caballero que, aunque noble y de Sigüenza murió como un sinvergüenza, o eso creyó la pecora de su amante.

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    • Avatar de Víctor Fernández-Chinchilla
      Víctor Fernández-Chinchilla permalink

      Pécora, quiero decir

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  2. Avatar de Víctor Fernández-Chinchilla
    Víctor Fernández-Chinchilla permalink

    Si en Madrid pusieran los nombres de los establecimientos en castellano los turistas no sabrían que están en una ciudad cosmopolita.
    Tocar la cara no sé, pero tocar las narices si lo hace más de uno, vea o no vea.

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    • Avatar de marymer de Chamberí

      ¡Muchas gracias por la puntualización! Eso me pasa por fiarme de la dichosa IA y no preguntar a tu inteligencia natural. Me acordaba de la cita, pero no de dónde era… Llevas razón: Es necesario poner los nombres en inglés para saber que estamos en una ciudad cosmopolita y, además, muchas banderas de España, cuanto más grandes mejor, por si con la cartelería en guiri nos despistamos y no sabemos en qué país estamos. Ya lo entiendo todo.

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