Amatista violeta
Tímida drusa
guarda un tesoro puro.
Corazón de luz
se muestra, e ilumina.
¡Deslumbrante grandeza!
En un revoltijo como el que hay en el cajón de mi almohada no podían faltar los «pinitos poéticos», la mayoría de ellos en forma de haiku o tanka.
De momento hoy va el de la drusa con su color y sus luces violeta, porque, precisamente cuando estaba yo en estas revisiones «arqueológicas» y de limpieza doméstica, me encontré por la casa mi drusa de amatista, bastante sucia, por cierto. Tras darle un buen fregado y ponerla a cargarse de fotones al sol del balcón, ha pasado a tener un lugar de poderío en el salón.
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