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Le temps perdu?…

22 22Europe/Madrid noviembre 22Europe/Madrid 2018

En las aceras,
la hojarasca pisada…
Las horas muertas…

 

 

El otoño es hermoso, con su halo de melancolía. Predispone el espíritu a la reflexión serena. Es como si, tras el atolondrado verano, una pudiera darse cuenta de todo lo que se le ha pasado por alto sin darse cuenta, en un tiempo impreciso: un puñado de arena finísima deslizándose entre los dedos.
Las hojas secas y las horas muertas están perdidas para siempre; aunque se empapen de lluvia o de recuerdos, las pisoteemos o hagamos un haiku con ellas, no reviven jamás.

“Et le temps perdu à savoir comment” es aún más doloroso que “Ne me quites pas”, por desesperado que sea y por mucho que se repita. Y es así porque, realmente, sí se sabe cómo se ha perdido el tiempo, cómo se ha malbaratado tristemente tanta vida.
Una se propone no volver a hacerlo: no volver a malgastar las horas y los días que cada vez se sienten más preciosos. Sin embargo, no es fácil. Parece que la que se lo propone es otra muy distinta de la que se deja arrastrar por la pereza o la inercia.

“Y cómo pasa el tiempo. / Que de pronto son años” canta Silvio Rodríguez. Y cuántas veces yo misma también lo he cantado, desde niña, cuando aún no sabía lo que significaba realmente eso: que los momentos pasan y, de pronto, son años, décadas; hojas secas por dentro, empapadas de lluvia por fuera, imposibles de vivificar a pesar del agua, porque ya se han perdido, desconectadas de la tierra.

Pero no todo va a ser melancolía, el otoño también trae castañas y boniatos, frutos dulces y templados, que calientan las manos y perfuman las calles por encima del humo de los tubos de escape.
¡Qué milagro el de los aromas!
Con un puñado de castañas asadas en el bolsillo, calentándome las manos, me convierto en una chulapa de mantón, marcando la acera con el paso firme y la cabeza alta. Soy Fortunata atravesando Santa Engracia en busca de un destino negro y ardiente, dispuesta a jugármelo todo por un amor que no vale nada.
¿Quién dijo que el tiempo pasa y las horas se pierden? ¿Fui yo?
No. El tiempo vuelve y vuelve. Se repite en notas musicales, en aromas, en palabras, en miradas, en… Y en sentimientos, ante todo en sentimientos.

2 comentarios
  1. Víctor Fernández-Chinchilla permalink

    Estás que te sales, chulona!!!

    Le gusta a 1 persona

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