Ir directamente al contenido

Aquellos «Ojos verdes»

7 07Europe/Madrid septiembre 07Europe/Madrid 2026

Ya no revolvemos papeles viejos, al menos yo. Ahora le quitamos el polvo cibernético a archivos en formatos medio ilegibles. En estos últimos días del verano me he puesto con esa tarea y me he encontrado con una especie de glosa a la copla “Ojos Verdes”. El texto es de marzo de 1989, así que han pasado unas cuantas solaneras desde entonces porque llover, lo que se dice llover, no ha sido mucho, por lo menos aquí en Madrid.
Por entonces a mí me gustaba mucho cantar copla y “Ojos verdes” era mi favorita. Según mi madre también era la que más le gustaba a la suya y la cantaba muy bien. Aclaro que, mientras que a mi abuela Pepa le encantaba la copla, a mi madre no le gustaba nada. Supongo que todo eso tendría que ver con otras muchas diferencias entre ellas, de las que ya he hablado en “De trapos y de letras”, así que ahora no es el momento de darle más vueltas. Lo importante es que para mí esta canción tenía algo especial que me conectaba con mi abuela Pepa, a la que no llegué a conocer en vida, pero que ha estado muy presente en mi juventud.
Además “Ojos verdes” también está rodeada de misterio. La música es de Manuel Quiroga y la letra de Salvador Valverde y Rafael de León. Se dice que el nacimiento de esta copla tuvo que ver con un encuentro entre Rafael de León, Federico García Lorca y Miguel de Molina entorno a la mesa de un café en Barcelona. Parece que los preciosos ojos verdes eran de algún marinero que no se sabe a cuál de los tres le gustaba más. También se dice que algo tenía que ver con el “Romance sonámbulo” Y “su Verde que te quiero verde…”. Pero de todo esto no hay ninguna prueba, aunque sea una historia bien bonita y bien literaria.
Hay otro origen para la copla mucho más normalito. Se dice que la esposa de Manuel Quiroga tenía los ojos verdes, y esta copla es un homenaje a ella. Esta explicación no es que no sea también bonita, pero sin duda no llega a la altura de un encuentro legendario entre ese trío tan particular.
Aunque la versión más famosa es la de Concha Piquer, quien estrenó “Ojos verdes” fue Rafael Nieto en Madrid, en 1937, en plena Guerra Civil. Luego Miguel de Molina y Concha Piquer la incorporaron a su repertorio. Esta última parece que la grabó por primera vez ese mismo año 1937; aunque, más adelante, ya en la posguerra, grabo otra versión pasada por la censura que es tan fea como ridícula, y que es mejor olvidar.
Y, volviendo a la universitaria coplera, Supongo que con la influencia de su pasional abuela y las lecturas de Lorca, salió la glosa que pongo a continuación:

Dos luceros negros brillan en una cara de luna morena, que sonríe a la noche fresca y olorosa de primavera.
El pecho se le llena de aromas y vida, mientras que la mente vuela tan lejos que el mundo deja de existir a su alrededor.
la noche se va haciendo profunda. Va pasando el tiempo. La algarabía aumenta.
Suenan guitarras, palmas y vocerío. Pero en medio de todo, al fondo de la calle, se oyen agudos los cascos de un caballo, cada vez más cerca de la puerta.
Le vio desmontar y acercarse a ella. Ni deprisa, ni despacio, mirándola fijamente solo a ella, solo a los luceros de su cara morena.
Se hizo entorno a ellos un silencio absoluto, una oscuridad total. Solo brilló un momento la tenue luz del fósforo en el pitillo. Por un instante vio ella duplicado el fuego verde de los ojos del hombre.
Fue un destello tan fuerte, tan intenso y tan agudo que a ella le hirió el alma de esperanza, de pasión, de miedo.
Fue la primera, la última, la única noche que existieron. Ni antes fueron, ni después serán, el final de esa noche les devolvió a la nada.

Deja un comentario

¿Qué te sugiere?