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“Cuentos del Japón oculto” y dos más

17 17Europe/Madrid julio 17Europe/Madrid 2015

Mercedes Abad, “Amigos y fantasmas”. Ed. Tusquets, 2004
Elena Lappin, “Amores sin fronteras”. Ed. Siglo XXI, 2000.
Sachiko Ishikawa, “Cuentos del Japón oculto”. Ed. Taketombo Books, 2013.

Hoy toca hablar de tres de las obras sobre las que he trabajado estos últimos años, que procuro recordar en estas breves reseñas. Son tres colecciones de cuentos escritos por sendas autoras: “Amigos y fantasmas” de Mercedes Abad (Tusquets, 2004), “Amores sin fronteras” de Elena Lappin (2000) y “Cuentos del Japón oculto” de Sachico Ishikawa (Taketombo Books, 2013).

El primero de estos títulos, “Amigos y fantasmas” cayó en mis manos en 2011, así que hace ya mucho que lo leí para acordarme de gran cosa, a no ser que hubiera sido uno de esos libros que me marcan, pero no fue el caso. Para esta reseña he hecho trampa y lo he hojeado un poco, por si renacía en mí algún interés, pero lo cierto es que no. Creo, no obstante, que está bien escrito y puede ser agradable de leer, pero sin más. Lo que sí he recordado es que el primero de los relatos lo dedica Mercedes Abad a sus amigos Almudena y Luis, que supongo Almudena Grandes y Luis García Montero. Con mis siempre mencionados prejuicios, esto no me dio buena espina. Almudena Grandes es una de esas autoras que considero prescindibles y, aunque Mercedes Abad me gustó más, insisto en que este es uno de esos libros que yo ni aconsejaría ni regalaría. Creo que hay que rentabilizar el tiempo (¡Queda tanto por leer!). En fin, han caído en mis manos textos mucho más interesantes. También es verdad que a mí este estilo de escribir tan de colaborador de El País, tan de actualidad, no me dice nada.

Sigo ahora con “Amores sin fronteras”, con el que trabajé en 2012. De esto también hace algunos añitos, pero me gustó y me interesó más que el anterior. Elena Lappin, nacida en Moscú y que actualmente vive en Londres, plantea varias Historias de amor y de relaciones en las que la distancia física -o no tan física- es un factor importante. Tal vez por tener un punto de vista menos próximo y un estilo menos “grupo PRISA”, la lectura de estos cuentos me resultó más estimulante que la de los anteriores, pero tampoco compraría un ejemplar para regalarlo.

Termino la entrada con el más interesante y el último que he leído, este mismo año, “Cuentos del Japón oculto”. Al contrario que los anteriores, este libro sí lo he comprado y sí lo regalaré, seguro. Sé que se me ve mucho el plumero de mis gustos personales, pero para eso escribe una un blog sin pretensiones de objetividad, que ni falta hace. Me gusta la literatura y la cultura orientales, especialmente la japonesa, y más si tiene solera. No obstante, en este caso, Sachiko Ishikawa es una joven escritora que creo vive en Barcelona, de padre japonés y madre alemana. Evidentemente es una autora actual y esto se ve en lo que cuenta y en cómo lo cuenta, pero, al mismo tiempo, lo hace con un tono propio y recreando mitos y leyendas del Japón tradicional. Así que leyendo “Cuentos del Japón oculto” se rejuvenecen demonios, zombis y fantasmas legendarios, renacidos en un mundo próximo y actual que no se resiste al extrañamiento.

Al final del libro Sachiko Ishikawa explica:
“Por primera vez supe lo que era el pavor, el miedo a lo desconocido que se escondía dentro de unas páginas, envuelto en palabras. Pronto me topé con libros sobre la muerte, los fantasmas y la maldad de las personas. Gracias a esas novelas comprendí que el miedo a lo desconocido puede ser menos impactante que la malicia innata de algunas personas. Ese contraste me abrió los ojos. El género de terror me fascinaba tanto que le pedí a mi padre que me contara las leyendas folclóricas de su país de origen, Japón, que mi madre siempre me había asegurado que eran aterradoras. Las novelas estadounidenses que había leído se entretejían con las leyendas niponas, y ese género evolucionó para mí”.
Y sigue:
“Con el paso del tiempo comprendí que pese a que la emoción es la misma, la causa para los dos extremos (occidental y oriental) es distinta. En Occidente, las personas solemos tener miedo a las acciones malvadas de otras personas, a una muerte injusta y dolorosa; nos tapamos los ojos cuando vemos sangre y entrañas. En Oriente, tememos a lo que no somos capaces de ver, lo desconocido, el rencor que no termina de desaparecer aunque quien lo siente fallezca”.

Ah, no quiero olvidarme de las ilustraciones porque son verdaderamente significativas. Se trata de una edición muy cuidada, con dibujos de Laura Garijo, que en alguno de los relatos forman parte inexcusable de la trama y que, en cualquier caso, aportan modernidad de estilo a al libro, con un guiño claro al manga y al anime.

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