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¿Cuerdas o serpientes? Los universos de Daphne du maurier

26 26Europe/Madrid septiembre 26Europe/Madrid 2026

A veces se busca mucho y se encuentra poco. En tiempos adormecidos el tedio veraniego la lleva a una a andar rebuscando podcast por aquí y por allá. Et voilá! Sin pensarlo te encuentras con un alijo desconocido. Algunos lo justifican diciendo eso de “los caminos del señor son inescrutables”. Pero yo prefiero no creer en la intervención de un ingeniero de caminos sobrenatural y pirado. Eso me da mucho miedo. Prefiero dejarlo en “cosas de la causalidad”.
En fin, dejando ya mi paseíto habitual por los cerros de Úbeda, quería contar que he descubierto hace muy poco a una autora muy conocida. Escuchando un podcast de iVoox llamado “Historias para ser leídas”, me encontré con una versión estupenda del relato de Daphne du Maurier, “Los pájaros”. En ese momento me enteré que la desasosegante película de Alfred Hitchcokc está basada en él.
El texto original es tremendo y todavía más inquietante que la película, que ya es decir. Me quedé entonces con las ganas de saber más de la autora y de leer más cosas de ella. Me enteré de que la célebre “Rebeca” también de Hitchcock sigue la trama de la novela de du Maurier del mismo título. La verdad, no me extraña que don Alfredo se entusiasmase con la literatura de Daphne, porque encaja perfectamente en el universo inquietante y ambiguo que nos envuelve en todas sus películas.
Tras leer “Los pájaros” leí también “Monte verita”. Esta obra tiene mucho de esotérico y se inspira en una especie de comuna naturista de artistas que surgió en Ascona, suiza, a principios del siglo XX. Allí se integraron personajes tan interesantes como Hermann Hesse o Rudolf von Laban. Este último fundó allí su escuela de arte en la que se impulsaba el movimiento libre, que fue fuente de la danza expresiva.
La novela tiene mucho de misterio sobrenatural y de reivindicación de otra manera de vivir y de sentir más allá de las limitaciones físicas y morales de los mortales más primarios. Aquí hay una “Utopía” que no es una isla, sino un monte, el monte Verita, “el monte de la verdad”, al que solo acceden sacerdotisas atraídas hasta allí telepáticamente y que desaparecen en un entorno montañoso que recuerda al cuento de Borges, “los inmortales” o alguno de los relatos de Lovecraft.
Al pie del monte Verita se alza algo parecido a un monasterio integrado en la roca, con altos huecos como ventanas y ninguna puerta visible. Aparentemente nadie habita allí, pero todos los de las aldeas cercanas saben que las poderosas sacerdotisas están tras de esos muros, eternamente jóvenes y hermosas. Al menos eso es lo que ellos creen, y temen, y odian.
Durante todo el texto uno siente que hay una fuerza invisible que rige todo lo que va a suceder y que es imposible de reconocer ni de parar. Desde el comienzo sabemos que el final de la secta del monte Verita desaparece. ¿Pero cómo? Seguimos leyendo y leyendo porque no sabemos por qué sucede ni qué será de quienes la componen.
Ni en “Los pájaros” ni en “Monte Verita” Daphne du Maurier cierra el final por completo. Termina su texto y nuestra duda y nuestra reflexión se queda flotando sin dejarnos con el descanso del lector pasivo, ese al que le gusta quedarse repanchingado ante un mundo con sólidas respuestas ante todas las preguntas.
Y con todo esto, claro está, no me pude resistir a otra obra de du Maurier, así que acabo de terminar “Mi prima Rachel”. En esta novela, también llevada al cine, la autora se adentra por los peligrosos barrios delos vericuetos mentales, las sombras chinescas y las composiciones sobre qué es la verdad.
“Mi prima Rachel” tiene una estructura circular como “monte Verita”. El principio anticipa el final, pero de un modo tan ambiguo y equívoco que, cuando terminas la novela, vuelves atrás porque entonces ya puedes comprender lo que en las primeras páginas quedaba en las sombras.
La historia es sencilla: Un joven terrateniente, Philip Ashley hereda todos los bienes de su tío Ambros Ashley, cuando este muere en extrañas circunstancias en Florencia. Había viajado allí por motivos de salud y, pese a ser un solterón empedernido, se enamoró de la joven viuda, Rachel, que resulta ser un personaje misterioso e imprevisible. La pareja se casa enseguida e igual de rápido la salud mental y física de Ambros se resquebraja.
Tras recibir una carta muy inquietante de su tío, Philip viaja rápidamente a Florencia, pero no llega a tiempo ni de ver a su tío con vida ni de conocer A Rachel, a la que imagina como un auténtico monstruo.
Pasadas unas semanas Rachel se pone en contacto con el señor Kendall, que es el administrador y tutor de Philip, para ofrecerle llevar todos los efectos personales de Ambros a su sobrino. A ella no le ha favorecido en absoluto el testamento, pero tal cosa no parece importarle.
En principio Philip no quiere ni pensar en conocerla, porque la considera prácticamente la asesina de su tío, pero finalmente accede. Cuando la conoce la imagen mental que se había hecho de ella no se corresponde en absoluto con la realidad. Rachel, aunque tiene unos diez años más que él, es hermosa, sofisticada, simpática, amable, cariñosa; y también enigmática, manipuladora, derrochadora…
¿Quién es Rachel? ¿Cómo es Rachel? ¿Qué es Rachel? ¿Un ángel? ¿Una asesina? ¿Una mujer normal y discreta?
Leyendo esta novela me acordaba todo el tiempo de esa parábola del Vedanta Advaita de la cuerda y la serpiente, posteriormente también adoptada por el budismo Mahayana, que ilustra la naturaleza de la ilusión, “maya”, frente a la realidad.
La parábola cuenta que un hombre va caminando por un sendero oscuro al anochecer. En mitad del camino se encuentra con una terrible serpiente. Queda aterrorizado, sudando de miedo y sin fuerzas ni para moverse. Entonces llega otro hombre con una linterna y apunta a la serpiente que, en realidad, no es más que una cuerda.
Con esta analogía se intenta ejemplificar como muchas veces nuestros sufrimientos reales, nuestros miedos y angustias no son serpientes sino viejas cuerdas que interpretamos como monstruos amenazantes.
Leyendo “Mi prima Rachel” pasamos de jurarnos que la protagonista es una auténtica bicha a comprender que no era más que una comba enrollada en un rincón. Pero, claro, esto no pasa una sola vez. A lo largo de toda la novela nos debatimos mentalmente entre temerla y compadecerla.
¿Y al final? Pues eso no lo voy a contar aquí. Os dejo con la duda, pero no olvidéis abordar la lectura con linterna y con antídoto contra el veneno de serpiente.

¡Te recomiendo que escuches este episodio de iVoox! CINE DE VERANO: Los pájaros, de Daphne du Maurier

https://go.ivoox.com/rf/176825675

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