escena de interior
Si hubiera que describir un andén del metro de Madrid a una persona que no lo conociera en absoluto, que jamás hubiera bajado allí, supongo que sería necesario explicar su estructura básica, sus accesos, los materiales de los que está hecho, sus carteles publicitarios, su mobiliario, etc. Habría que contar todo eso, y añadir referencias a los sonidos, los olores, la temperatura, los colores, el ambiente en general…
Todo eso sería imprescindible para una descripción objetiva. Sin embargo, sólo con eso no podría hacerse una idea completa y cabal de lo que realmente es, de cómo se vive y se siente ese lugar.
Por ejemplo, sean cuales sean los grados centígrados que pueda marcar un termómetro de ambiente dentro de un andén cualquiera, la temperatura subjetiva que se siente allí es baja. El metro es un lugar frío. No importa que haya una madre con su niño, una pareja besándose, o dos dulces ancianitas esperando la llegada del tren. Da lo mismo, es un lugar inhóspito, que no se presta a evocaciones líricas o románticas.
Un Andén puede estar pintado del color que esté, tener azulejos de colores y estar lleno de llamativos carteles publicitarios y pantallas donde se proyectan estridentes vídeos. Es indiferente: un andén del metro es un lugar que inequívocamente se puede calificar de “gris”.
Cuando hay que pasar bastante tiempo de la vida en estos sitios, uno aprende a estar en ellos sin estar. La escena del interior de la tierra, del subterráneo de la ciudad está también llena de otras escenas que casi nunca se comparten, que son completamente individuales, porque se viven en el interior de cada uno, mientras se espera la llegada del tren.
Esas escenas íntimas a veces no tienen ni la más mínima conexión con el entorno frío y gris. Es como si esa presunta realidad no fuese más que eso “presunta”, una alucinación colectiva, una convención sensorial que nada tiene que ver con la realidad más vívida.
Creo que nadie cuenta esas sensaciones, pero estoy completamente segura de que todo el mundo las tiene de un modo más o menos consciente.
Yo, a veces, cuando estoy esperando en el andén, el metro es mentira: la gente, las luces, los ruidos… Nada de eso tiene existencia real. La verdad, la única verdad es casi del todo inefable. Me siento envuelta en una calidez suave, que me traspasa y me trasciende. Quedo diluida en la sensación de sentirme querida y abrazada, incluso más allá de los límites del espacio.
yo que también soy asidua al metro ,te puedo decir que es un universo de mundos diferentes jajaja cada uno va en el suyo menos en la realidad
asi es mas fácil pasar el rato en el suburbano sobre todo cuando los trayectos son interminables jajaja
a mi me pasa .. …me meto en el mundo de la lectura y me desconecto de todo
otras me da por volver al presente y de repente observo cosas que siempre han estado alli pero no las he visto nunca jajaja
bueno somos asi…de raros jajaja
muchas veces nos perdemos cosas por ir en nuestro mundo paralelo . …..
también te digo que otras es mejor viajar en el mundo interno y obviar lo que hay a tu alrededor jajaja
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… y que lo digas. Estoy completamente de acuerdo. Hay momentos para todo: observar o abstraerse. ¡Muchas gracias por leer y comentar! Un gusto tenerte por aquí
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Por cierto, me olvidaba de decirte que, no sé si te has dado cuenta, de que esta entrada es la primera que publiqué en este blog hace ya 14 años. He decidido volver a compartirla, porque sigue gustándome
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Ay, qué recuerdos del Metro de Madrid…
2046 es una de mis películas-fetiche, impresionante… Gracias por recordármela.
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¡Cuánto me alegro! Amí me encanta la banda sonora de esa película. Como habrás visto, me ha dado por volver a compartir las entradas ya publicadas. Esta es la primera del blog, de hace ya catorce años. ¡Ahí es na! Muchas gracias por leerla y comentarla. Me hace mucha ilusión.
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